Descubren hongos de Chernóbil con propiedades que interesan a la NASA

Descubren hongos de Chernóbil con propiedades que interesan a la NASA

La zona de exclusión de Chernóbil sigue ardiendo en nuestra imaginación, y ahí, pegados a muros y tuberías, algunos hongos han aprendido a convertir lo que nos mata en energía útil. La NASA los observa como quien encuentra un paraguas en mitad de una tormenta cósmica. ¿Puede un escudo vivo proteger a astronautas en la Luna o en Marte?

La mañana era fría y el silencio pesaba. Un contador Geiger, colgado del cuello de una investigadora ucraniana, chasqueaba sin prisa mientras entrábamos en un edificio desconchado, a pocos kilómetros del Reactor 4. La luz se colaba por las ventanas rotas y, en los bordes húmedos de una pared, una pátina oscura parecía moverse, como si respirara. “Es Cladosporium”, murmuró ella, deslizando una espátula. Todos hemos vivido ese momento en el que algo cotidiano de pronto se vuelve extraño; aquí, la pintura negra era vida que se alimentaba de radiación. En su cuaderno, junto a un nombre latín, escribió una palabra: melanina. La pared estaba viva.

Los hongos que comen radiación y por qué fascinan a la NASA

La historia es directa: ciertos hongos melanizados prosperan donde la radiación es alta. Su melanina no solo los protege, parece facilitar que “cosechen” energía de la radiación ionizante, un fenómeno que investigadores llaman radiotrofia. En paralelo, la radiación es el gran obstáculo para misiones largas a Marte. **Un hongo que se alimenta de radiación no es ciencia ficción.** Es un recurso biológico que la industria espacial quiere convertir en tecnología.

Un ejemplo claro ocurrió en la Estación Espacial Internacional. En 2020, un experimento con Cladosporium sphaerospermum mostró que una capa delgada, de unos pocos milímetros, reducía la dosis medida de radiación a su lado en torno a un 2%. No suena a mucho, pero extrapolar a centímetros de grosor cambia el juego: paneles de micelio y melanina podrían sumar varios puntos de atenuación. En la ISS, los astronautas reciben en promedio decenas de mSv al año; en un viaje a Marte, la cifra sería mayor y sostenida. Cada porcentaje cuenta.

La explicación técnica tiene encanto: la melanina absorbe fotones de alta energía y puede transferir electrones, disminuyendo el daño y, quizá, alimentando metabolismo. Si esa “piel” se integra en biocomposites —por ejemplo, micelio cultivado con regolito lunar o marciano— surge un material que se fabrica in situ, crece solo y se repara. **La NASA mira estos organismos como un aliado real contra la radiación espacial.** Un escudo así pesaría menos en el lanzamiento y sería más fácil de mantener en hábitats remotos.

De la idea al taller: cómo se construiría un escudo vivo

La receta, a grandes rasgos, es esta: cultivar un hongo melanizado en placas o paneles porosos, dejar que el micelio colonice un sustrato ligero y rico en carbono, y luego “cocinar” el material para estabilizarlo, manteniendo pigmentos. En destino, el mismo panel puede “reactivarse” con humedad y nutrientes para que engorde. **Un escudo vivo podría crecer en Marte con agua, carbono y paciencia.** Piensa en módulos recubiertos de biopaneles, sumando software de control de humedad y sensores de dosis.

Hay errores que cualquiera cometería. Forzar el crecimiento en ambientes demasiado secos frena la colonización; permitir contaminaciones por bacterias arruina la uniformidad del material. Ajustar el grosor sin medir dosis reales lleva a falsas sensaciones de seguridad. Seamos honestos: nadie hace eso todos los días. Por eso, los equipos hablan de capas híbridas: una piel externa de polímero o regolito sinterizado, y por dentro un “acolchado” de micelio melanizado que se regenera cuando toca.

La conversación con científicos suena así:

“Lo bonito de los hongos de Chernóbil no es que sean mágicos, sino que son prácticos: crecen en las peores condiciones y trabajan mientras lo hacen”, dice una microbióloga del equipo de experimentos en órbita.

  • Qué aportan: atenuación adicional de radiación y autorreparación.
  • Cómo se integran: en paneles, pinturas pigmentadas o compuestos con regolito.
  • Qué falta: ensayos de largo plazo, control de bioseguridad y escalado.
  • Qué gana el lector: una idea tangible de cómo la vida puede volverse tecnología útil.

Lo que cambia cuando miramos el espacio con ojos de micelio

Hay una idea que se queda pegada: quizá no tengamos que llevar todo desde la Tierra. Si un material puede crecer, repararse y adaptarse, la frontera se mueve. Un hábitat con paredes “vivas” empezaría a parecerse a un invernadero inteligente, donde cada capa cumple una función: filtra radiación, regula humedad, convierte residuos en materia útil. *Es difícil no emocionarse ante esa idea.* Y sí, también da vértigo. Chernóbil, con su tragedia y su resiliencia, nos sugiere que la supervivencia puede nacer en la sombra. La tecnología que necesitamos para la próxima década quizá ya está adherida a un muro de hormigón, esperando que la llevemos más allá del cielo.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Hongos melanizados Cladosporium sphaerospermum y otras especies que prosperan con radiación Entender cómo algo vivo convierte un problema en ventaja
Pruebas en la ISS Atención de radiación medida con capas milimétricas Indicios reales, no solo teoría de laboratorio
Aplicación espacial Biopaneles, pinturas pigmentadas y compuestos con regolito Visualizar hábitats que crecen y se reparan solos

FAQ :

  • ¿Qué hongos se han encontrado en Chernóbil con interés espacial?Varios hongos melanizados, como Cladosporium sphaerospermum y Cryptococcus spp., se han observado creciendo en superficies irradiadas. Su pigmento, la melanina, es el foco de atención por su capacidad de absorber radiación.
  • ¿De verdad “comen” radiación?No “comen” en el sentido clásico, pero la melanina parece facilitar procesos de transferencia de electrones cuando absorbe radiación ionizante, apoyando el metabolismo. Es radiotrofia: usar radiación como fuente de energía adicional.
  • ¿Esto sirve para proteger astronautas?Como parte de un sistema multicapa, sí. Paneles con hongos o con melanina pueden sumar atenuación. En combinación con aluminio, polímeros y regolito, la protección mejora sin cargar tanto peso desde la Tierra.
  • ¿Pueden limpiar zonas radioactivas en la Tierra?Ayudan a inmovilizar o transformar compuestos, pero no “apagan” la radiación física. Pueden contribuir a bioremediación de ciertos contaminantes asociados a accidentes nucleares, dentro de estrategias más amplias.
  • ¿Hay riesgos de llevar hongos a otros planetas?La bioseguridad es clave. Se evalúan cepas no patógenas, contención en sistemas cerrados y protocolos para evitar escapes. El objetivo es usar la biología como herramienta sin alterar ecosistemas potenciales.

2 comentarios en “Descubren hongos de Chernóbil con propiedades que interesan a la NASA”

  1. Incroyable de voir des champignons transformer la radiation en énergie utile — la radiotrophie n’était pas que de la SF ! Hâte de voir des biopanneaux sur la Lune.

  2. sébastien_soleil

    2% d’atténuation sur quelques millimètres, c’est peu. Avez-vous des données peer‑reviewed sur des épaisseurs centimétriques et l’impact sur les doses en mSv pendant un trajet vers Mars ?

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